Los trastornos de la alimentación en el niño
Mar Pesquer
Conferencia pronunciada en La Casa Elizalde de Barcelona en junio de 2005
Como responsable del DAI (Dispositivo de atención a la infancia) intentaré esquemáticamente transmitir la forma de entender y de abordar los trastornos de la alimentación desde nuestra asociación.
Abordarlos desde el punto de partida de que son un síntoma de un malestar psíquico más profundo y en el caso de los niños un posible trastorno de la interacción temprana.
La función oro-alimentaria es la primera en la cual se desarrolla la relación del niño con su entorno, es la primer fuente de satisfacción y la primer vía de descarga de las tensiones internas.
Hay distintas funciones en la lactancia;
la función de alimento que satisface y calma el hambre y la sed
la función de descarga de las tensiones
y la función de satisfacción de las mucosas orales por la actividad de los labios, de la lengua, del paladar.
Hemos de distinguir entre hambre, apetito y deseo inconsciente.
El hambre es un estado somático provocado por la privación de alimento y que desaparece con la ingestión del mismo.
El apetito es un estado consciente caracterizado por el deseo de comer, que está estrechamente vinculado a una experiencia anterior y provocado por el gusto de una comida concreta.
El deseo inconsciente tiende a realizarse restableciendo, (según las leyes del proceso primario), los signos ligados a las primeras experiencias de satisfacción.
Otra distinción a tener en cuenta es la existente entre necesidad y demanda, entendiendo que la necesidad se origina en un estado de tensión interna que se satisface con una acción específica. (comer y calmar el hambre) es decir, se dirige hacia un objeto específico, el alimento, y con él se satisface.
La demanda es dirigida a otro, y está vinculada a una primera experiencia de satisfacción, es decir, la demanda siempre es, en el fondo una demanda de amor.
Durante la lactancia se producen modalidades de comunicación que amplían el hecho de la función de alimentar.
A través de la boca el bebé tiene los primeros contactos con el mundo exterior y con ella realiza la aproximación, exploración y la investigación de los objetos.
Estudios sobre la observación de bebés ponen de manifiesto que hay un deseo de prolongar la succión después de que la cantidad de leche ingerida haya sido suficiente para calmar el hambre.
En el campo de las relaciones, la alimentación es la que genera los primeros intercambios entre el niño y su madre.
Las tensiones derivadas de la relación madre-hijo, pueden resurgir en el acto de comer, ya que en carencia de otros medios, el bebé o el niño reacciona a estas tensiones por una perturbación de esa función.
Haremos un breve repaso de los trastornos de la alimentación en el bebé y en el niño.
De los trastornos alimentarios hay que excluir primeramente las causas orgánicas.
En el caso de que estas no existan podemos pensar que conflictos psíquicos alteran la actividad de comer, ya sea para disminuir o para aumentar.
- cólicos del primer trimestre.
Es un trastorno que aparece poco después del regreso de la clínica, en un intervalo de 8 a 10 días después del parto.
Aparece normalmente al atardecer y por la noche. Después de una comida, cuando el bebé se está durmiendo, o ya está dormido, se despierta bruscamente y se pone a gritar y a moverse. Por sus movimientos y gesticulaciones, parece indicar hambre o sufrimiento digestivo.
El examen clínico es normal a excepción de un abdomen distendido por gases. Normalmente suele ocurrir en niños hipertónicos.
Esta relación entre las comidas y las fases dolorosas, es apreciada por la madre, lo que la lleva a variaciones de todo tipo totalmente ineficaces o con un efecto transitorio. (Cambios de leche, cambios de horario, frecuencia de las tetadas, infusiones, etc.)
Esta solicitud de la madre, que Spitz ha definido como “solicitud primaria excesiva y angustiosa” nos pone enfrente de una madre que tiene la necesidad de suprimir inmediatamente los gritos de su bebé mediante la alimentación, como una incapacidad por su parte de interpretar de otro modo los lloros.
Esto provoca un círculo vicioso: si el niño expresa por sus gritos otro deseo que el alimenticio, la lactancia lo calmará provisionalmente, pero la sobrealimentación sobrecargará su aparato digestivo, aumentando las causas de la tensión interna, sin suprimir la causa primitiva. Como resultado, más gritos que vuelven a interpretarse como una necesidad de alimento.
Evidentemente no es éste el camino a seguir. Hay dos métodos que tienen una eficacia inmediata: el chupete y el acunamiento.
Y la ruptura de ese círculo vicioso, lloros-comida, se lleva a cabo si la madre puede plantearse qué vivencias y qué ansiedades le ha despertado la espera y la llegada al mundo del bebé.
Es sabido cómo en el momento del nacimiento confluyen tres bebés en uno solo. Un primer bebé fantaseado desde los primeros tiempos. Un bebé durante la gestación, como algo palpable, que da señales, que se interpretan según las vivencias de la madre. (Es diferente la apreciación, ante los movimientos que se notan en el embarazo, como “este niño va a ser futbolista, es fuerte y tiene mucha vitalidad”, a “este niño me va a destrozar con estas patadas, si sigue así estamos listos cuando nazca”), y un tercer bebé que es el real, el que al final la madre puede tener en sus brazos y que puede ser no coincida para nada con la imagen fantasmática que la madre se había forjado. Podía imaginar un bebé gordito, rubio, ojos azules, de carácter plácido y tiene enfrente un bebé raquítico, moreno, peludo y llorón. Así pues hay que adecuar ese bebé real con el fantaseado.
Un bebé percibe de alguna manera el estado anímico de su madre.
La mirada, el contacto, la palabra, comunicaciones a nivel más profundo como pueden ser la presión, el ritmo, etc., al coger al bebé. (No es lo mismo coger al bebé de forma envolvente, que llevarlo “despendolado”).
Una madre deprimida no interactúa o lo hace escasamente.
Volviendo a los cólicos, se han hecho estudios en los que se ha puesto de manifiesto que este problema no existe en niños criados en colectividad y que los cólicos desaparecen cuando el niño es separado de su madre.
El último elemento clínico de este síndrome es su desaparición en el tercer mes. Se explica esta desaparición porque el bebé es capaz de encontrar nuevas vías de descarga de las tensiones psíquicas, puede empezar a organizar su relación con los objetos y su Yo.
Otro trastorno relacionado con la alimentación en las primeras etapas de la vida, es la anorexia del recién nacido, acompañada o no de trastornos digestivos tales como vómitos, mericismo, vómitos cíclicos, cólicos del primer trimestre, etc.
Ante un bebé capaz de establecer un buen contacto, que se muestra alegre y juguetón y en contrapartida una madre implicada en una descripción preocupada, irritada y cansada por el drama cotidiano de las comidas, el especialista se encuentra ante una anorexia común precoz.
Estos bebés suelen ser despiertos, con una facilidad de contacto sorprendente para su edad. Cuando son más mayores son ágiles, exploradores y atentos al entorno.
Aparecen desgranadas las quejas maternas, tales como pretextos invocados para sentarse a la hora de sentarse a comer, los rechazos matizados o categóricos, enfados más o menos grandes y por parte de los padres procedimientos para que el niño acepte la comida: canciones, cuentos, disfrazarse, TV, etc.
El niño puede no comer nada o aceptar selectivamente cantidad y tipo de alimento.
Así pues aparece una doble situación: por parte del niño el rechazo y por parte del entorno la molestia, la queja, la preocupación.
Nos encontramos ante la situación que tan bien describe Lacan en el texto “La dirección de la cura”, viene a decir que si el otro – la madre- tiene sus ideas sobre las necesidades del bebé y es incapaz de ponerse en su lugar, se entromete y en lugar de lo que no tiene, que puede ser, calor si tiene frío, cambio de pañal si está sucio, compañía si se siente sólo, consuelo si se asusta, y le atiborra con el pecho o la papilla asfixiante, confunde sus cuidados con el don del amor.
Y en este caso podemos decir que al niño que alimentan con más amor es el que rechaza el alimento y juega con su rechazo como un deseo (anorexia mental).
Pocos hechos como la comida están tan cargados de tanta significación cultural y simbólica.
Mientras come, el hombre habla, piensa y se relaciona afectivamente. La comida además de satisfacer necesidades básicas es, al mismo tiempo fuente de placer.
Aunque es bien sabido que los centros reguladores del hambre se encuentran en el hipotálamo y que son los que reciben los estímulos metabólicos (tasa de azúcar en sangre, etc) y los estímulos psicosensoriales (aspecto, sabor, olor de los alimentos, etc), hay que pensar que la regulación de la conducta alimentaria no puede ser considerada solamente a nivel fisiológico, sino también desde un punto de vista de relación, y desde un punto de vista sociocultural.
Otros trastornos de la alimentación son
- la selección alimentaria,
- la ausencia de masticación,
- las elecciones alimenticias aberrantes
- Fuera de las actividades alimentarias normales, algunos niños se llevan a la boca cualquier objeto. Este fenómeno se produce por lo general en niños entre 4 y 12 meses. Este comportamiento cuando es episódico y no discriminativo, suele ser una exploración por vía bucal de los objetos del entorno. Cuando estas conductas persisten hay que considerar que suele haber trastornos relacionales madre-hijo..
- Coprofagía
- Geofagia
- Tricofagia
- Onicofagia
- Pica
- Bulimia
- Los verdaderos accesos bulímicos son más escasos y atañen con preferencia a los adolescentes.
- Obesidad
Por su importancia y creciente extensión en la sociedad, nos detendremos unos instantes en este trastorno.
Más allá de las noticias, de las estadísticas y de la alarma social ante el aumento de peso de la población infantil, vemos que la obesidad se puede contemplar tanto como
- Consecuencia de las costumbres familiares, y tal vez de factores hereditarios
- Como consecuencia o síntoma de problemas emocionales.
- El niño reacciona a conflictos psicológicos con una bulimia compensadora.
- El origen de algunas obesidades infantiles podrían encontrarse en una falta de aprendizaje de la sensación de hambre en la primera infancia: la respuesta estereotipada de la madre por medio de un suministro de alimento a cualquier manifestación emocional del niño, no le permitiría distinguir el hambre de otras sensaciones internas y le llevaría más tarde a calmar cualquier sensación mediante la toma de alimento.
- Niños con falta de madurez que son incapaces de aguantar frustraciones y tolerar un plazo para una satisfacción.
- Hay que matizar los casos que son propios de un mal planteamiento de los hábitos alimentarios en caso de los niños más mayores, en cuyo caso es suficiente dar pautas a los padres.
Es difícil encontrar un niño obeso que no se interese por la comida.
Este interés se suele reforzar por el entorno, que suele intervenir de forma demasiado activa, con indicaciones o tentativas de restricción de alimentos.
Los comportamientos alimenticios de los niños obesos suelen ser variopintos.
Algunos, glotones, se lanzan a la comida, no soportan que se la restrinja, e intentan conseguir más ración que los demás, engullendo con gran rapidez y voracidad.
Esta hiperfagia a veces se limita a las comidas o en otros individuos, las comidas son realizadas en cantidades moderadas, pero hay un picoteo interprandial, es decir ingieren alimentos entre comidas. Algunos incluso de forma compulsiva necesitan tener siempre a mano algo que comer.
A veces los excesos no son fáciles de comprobar, porque el niño, avergonzado, culpabilizado, o acostumbrado a las regañinas, se convierte en un experto encubridor del cuerpo del delito. Así pues, cuando se hace limpieza debajo de la cama, o en el fondo de los cajones, o detrás del radiador aparecen los restos más variopintos.
La actividad del niño obeso suele ser restringida. A menudo el niño obeso demuestra una incapacidad para jugar y para los ejercicios que requieren actividad muscular.
Más que negarse a participar, se trataría de un investimiento particular de la motricidad, asociado a un sentimiento de inseguridad.
La alimentación no puede considerarse como una simple cuestión de prescripción dietética.
Representa un área de intercambios privilegiados en dónde se enfrentan las necesidades individuales del lactante, con su participación activa, muy precoz, y las respuestas proporcionadas por la madre en función de las necesidades del niño, percepción modulada por aspectos inconscientes.
Después de estas breves pinceladas en torno a los trastornos alimentarios, espero que en el coloquio pueda contestar las preguntas que deseen hacerme.
Gracias por su atención.

