Anorexia y pubertad
¿crecer no está de moda?
Francisco Burgos
Conferencia pronunciada en La Casa Elizalde de Barcelona, mayo de 2011
INTRODUCCIÓN
Les agradezco en primer lugar su asistencia, el hecho de que estén esta tarde con nosotros. El título de esta charla que desarrollaré a continuación, intenta indagar sobre los denominados trastornos de la conducta alimentaria y su aparición en un momento de la vida de las personas en las que está en juego ciertas decisiones subjetivas. No obviamos que en la sociedad occidental actual, esto puede pasar desapercibido por la hipertemporalidad del desarrollo adolescente y por la generalización de la descreencia. Esto hace de la pubertad un momento, si se quiere, más difícil ya que se diluye lo que se espera del sujeto en su “acceso a la sociedad de los adultos”, lo que conocemos como crecer.
DEFINICIÓN
La palabra pubertad aparece en la lengua castellana en el 1737, proveniente del latín pubertas, -atis y éste a su vez de pubis, tomado del latín tardío pubis que significa ‘vello viril’, ‘bajo vientre’.
La definición que da el diccionario de la Real Academia Española (RAE) es: Primera fase de la adolescencia, en la cual se producen las modificaciones propias del paso de la infancia a la edad adulta. No es por tanto una definición concreta ya que mezcla dos términos de distinta consideración, pubertad y adolescencia, siendo la adolescencia una terminología de lo social. En el diccionario etimológico de Corominas nos aclaran para éste último término su procedencia del latín crecer o bien juventud. La adolescencia es según el RAE: Edad que sucede a la niñez y que transcurre desde la pubertad hasta el completo desarrollo del organismo. Aquí por el contrario nos encontramos con una definición mejor orientada, según nuestro uso.
LA PUBERTAD
Cuando usamos la palabra pubertad hacemos referencia fundamentalmente a un fenómeno biológico de tipo madurativo, aquel que va a dar paso a un proceso sociológico, la adolescencia. Pues bien, en la pubertad tomándola exclusivamente desde esta perspectiva biológica se aprecian dos características básicas:
1. Un aumento de las hormonas sexuales.
2. Un cambio drástico y dramático en el cuerpo y por tanto en la imagen corporal.
Es evidente que una cuestión como esta tiene su incidencia emocional, por lo que añadiremos que este cambio fundamental de tipo biológico tiene su correlato emocional. Las investigaciones más recientes nos aclaran que en la pubertad las alteraciones de índole emocional se inician con los cambios hormonales y suelen iniciarse previamente a la modificación de la imagen del cuerpo. Es decir, cuando evaluamos los cambios que se observan junto al desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, lo que sorprende es que lo emocional está más relacionado con los cambios hormonales, es decir, se observan antes de que aparezcan los cambios corporales “evidentes”; aquellos que forman parte de la nueva imagen especular del cuerpo, la imagen externa del cuerpo. Otro tema es la imagen que uno tiene de sí mismo, la interpretación (o la internalización) de la imagen que nos devuelve el espejo.
Llama la atención de los científicos la presencia de trastornos para los que la pubertad parece tener un papel importante. En lo que nos interesa a nosotros y estamos desarrollando hoy, la patología de la conducta alimentaria, es curioso que los estudios de genética gemelar, en los que se intenta observar las posibles influencias genéticas en su desarrollo, se ha llegado a la conclusión de que hay ciertas diferencias según si los trastornos aparecen antes o después de la pubertad, teniendo, dicen, cierta posibilidad de influencia genética, lo que denominaríamos predisposición, cuando se inician después de la pubertad y no en los que su inicio es anterior a esta edad. Otro tema son los estudios sobre la precocidad o el retardo de la pubertad, pero no forman parte de esta charla, sólo anticiparles que se relacionan con la edad y el género y que las más afectadas son las chicas con pubertad precoz (esto se explica no sólo por los denominados factores predisponentes de riesgo sino también por las consecuencias psicosociales que puede generar sobre todo respecto al grupo de los de su edad).
En la pubertad nos encontramos con lo cultural o mejor dicho lo social y el grupo. Hablamos entonces de adolescencia, pero notamos que las necesidades afiliativas de incluirse en lo grupal (en el marco de lo vincular) se inician en la edad prepuberal. El amor, la amistad, la aceptación por el grupo, la identificación al grupo; cada uno de los cuales tiene su propia estética… Hay una búsqueda de la aprobación por los semejantes, alienación a un discurso que lo pone en serie con otros. Es también la época de las rebeldías y, como no, de los retos, que varían en los distintos tiempos. Son propias del tiempo actual, según pienso, drogarse, estéticas físicas extremas (como raparse). Así mismo el uso del cuerpo como superficie de escritura, en el que se dibuja una anatomía distinta con los tatuajes, o como una superficie para agujerear, hablo del piercing que sigue siendo un modo de identificación en cuanto que equipara a chicos y chicas borrando lo que los distingue, es pues una manera en la que se apacigua la angustia de la diferencia (la diferencia sexual).
Para la psicología desde Freud la pubertad es lo que sucede al período conocido como de latencia, es el tiempo donde aparecen los cambios que conducen a la conformación definitiva de la sexualidad. Él distinguía dos signos:
1. el anímico con una tensión que aumenta y que genera cada vez más displacer
2. y el signo somático, que no es otra cosa que el cuerpo y sus cambios.
Podríamos decir que la pubertad es un período crucial de la vida en el que parece que se conjugan la naturaleza y el cuerpo, sin mediadores, como sería en el caso del instinto para los animales, instinto que aclara y fija las pautas dentro de la especie. Se trata para los hombres y las mujeres del empuje biológico, pero no sólo de éste sino también de lo que se denomina el empuje discursivo o de la palabra, esto es lo que la sociedad (el Otro social) dice sobre la pubertad y en este sentido cambia con la propia sociedad. Hay un cierto saber que los púberes no tienen, que falta, un saber sobre el cuerpo sexuado y lo que implica de asunción de la propia sexualidad, es decir un saber sobre el encuentro con el otro sexo. No hay por lo tanto un saber sobre la condición sexuada, pero todo discurso alrededor del púber le indica que algo tiene que hacer a partir de su asunción como sexuado. Esto abre la puerta a la invención en los encuentros, el joven tiene que poder inventar su manera particular de encuentro.
Para no alargarnos podríamos resumir diciendo que es un tiempo, el de la pubertad, en el que nos encontramos con un gran número de preguntas, pero a la vez y de manera inversamente proporcional es un tiempo de pocas respuestas.
Antes de continuar con el tema de la anorexia, quería trasmitirles que hay que tomarse en serio la pubertad, sabiendo que es un momento importante en el que se llevan a cabo algunos anudamientos pero también pueden sucederse lo contrario, por tanto es un momento de la vida en el cual pueden ocurrir algunos desanudamientos y éstos no sin un gran sufrimiento. Es por ello que ya Rousseau denominó a este período como crítico, como una crisis. Tiempo de la pubertad, por tanto, que nos puede desconcertar a todos, a todos los que estamos cerca de ellos, padres, educadores, maestros, profesionales de la salud… y cómo no, a ellos mismos.
Pienso que para nosotros como terapeutas que trabajamos con púberes es importante que estemos atentos a favorecer las invenciones propias, sus respuestas a las preguntas, aquellas que le van a permitir realizar las elecciones que irán marcando el sentido de la vida de cada uno de ellos.
LAS ANOREXIAS EN ESTAS ETAPAS DE LA VIDA
Sabemos, las estadísticas así nos lo indican, que el momento de emergencia de las anorexias (igual pasa con las bulimias) coincide con el pasaje por la edad puberal y adolescente, incluso prepuberal (con picos de frecuencia a los 14 años y medio y a los 18 años), aunque se nos informa que en aproximadamente un 10% de quienes la padecen se presenta incluso antes de los 10 años, con tendencia a ir aumentando su incidencia y prevalencia en estas edades tempranas. Tal como hemos intentado explicar anteriormente, la edad puberal junto con la adolescencia son un momento de la vida que resulta esencial a propósito de la relación que va a establecer el sujeto con lo que emerge de lo pulsional, entendiéndolo como lo que emerge desde las transformaciones puberales en el cuerpo.
Cuando hablamos de anorexia, lo hacemos siempre en plural las anorexias, para remarcar que en cada persona no es la misma cosa, hay evidentemente cuestiones comunes pero también hay singularidades. Si tomamos por ejemplo de que manera y en que circunstancias hace su aparición un cuadro clínico de anorexia en una persona, podremos verificarlo.
La anorexia infantil tiene ciertas peculiaridades ya que, dada la edad del paciente, el retraso en el crecimiento y la frecuente gravedad del cuadro constituyen una mayor preocupación desde el punto de vista médico. Además de la distinción entre anorexias infantiles y anorexias de la adolescencia hay que diferenciar aquellas que aparecen al inicio de la pubertad (con los primeros signos de esta etapa, pero antes de la menarca hablando en el caso de las mujeres) de las verdaderas anorexias prepuberales que se manifiestan antes de cualquier signo de pubertad durante la fase de latencia. Desde la perspectiva médica, las que se inician durante o inmediatamente previas al desencadenamiento puberal suelen tener una clínica de evolución clásica, aquella que se puede leer en los manuales clasificatorios de salud mental y que tienen en general un buen pronóstico. Es de éstas, las que aparecen como síntoma de la pubertad, de las que pienso la pertinencia del tema que estamos desarrollando aquí, la dificultad de crecer. Se puede releer lo relativo a la pubertad.
ALGUNAS DIFERENCIAS ENTRE ANOREXIAS INFANTILES Y DE LAS ADOLESCENCIAS
Las principales características de las anorexias en la infancia son: una proporción varones/niñas elevada respecto del trastorno en la pubertad o en la adolescencia, el retraso del crecimiento, como habíamos apuntado, y la presentación en un contexto depresivo o en el seno de una relación con los padres compleja. No se encuentra la clásica distorsión de la imagen corporal ni el sometimiento a una imagen ideal que se observan en las anorexias de comienzo en la pubertad y adolescencia. En las anorexias infantiles se manifiesta de manera patente el conflicto del sujeto con sus padres (otro parental), quedando a mayor distancia de la posible influencia de tipo epidémico que se le supone a la moda o bien a la meta de adelgazarse. Su mundo, por el contrario, lo constituyen las figuras de apego, de vinculación primaria; todavía no se han internalizado ciertos ideales. Para algunos autores esto podría explicar el hecho de que el porcentaje de varones afectados sea mayor en las anorexias infantiles o prepuberales. Las anorexias infantiles escapan a la lógica de ideales impuestos socialmente de una imagen corporal y no hace distinción de sexos, lo cual evidencia el conflicto de separación con el otro parental que es la base de su patogenia.
En las anorexias de la pubertad y de la adolescencia (momento de los cambios corporales) el conflicto se encuentra en la constitución de la persona como sujeto deseante, que se hace cargo de su propio deseo, esto puede generar una gran angustia y así se posibilita la aparición de una fenomenología que implica lo corporal, con la presencia de rechazo de las curvas, de las formas femeninas, horror a engordar, inclinación hacia la delgadez sin formas, el retraso en la aparición de la menarca… con lo cual en su tratamiento deberían interrogarse las relaciones con los otros, los afectos (sentimientos) y las organizaciones fantasmáticas que tuvieron lugar durante la primera infancia.
Según Lacan, las dos operaciones fundamentales para que el ser humano devenga sujeto (sujeto de discurso, de deseo, de destino propio) son la alienación y la separación. En la alienación se trata de la relación del sujeto con el Otro de la demanda, es decir, es la operación (subjetiva) por la que todo el mundo se adscribe a la (estructura de la) cultura, a la ley, al lenguaje (a su estructura); lenguaje que precede al nacimiento y al que el sujeto se aliena. Queda pegado a lo que se dice de él. La separación define la relación del sujeto con el Otro del deseo: el sujeto debe operar con su propia falta para separarse del Otro y poder maniobrar con su propio deseo. Deja de ser el objeto de deseo del Otro y pasa de objeto a sujeto. En los trastornos anoréxicos y bulímicos generalmente aparece una dificultad en la operación de separación, dificultad que aparece tanto en la anorexia infantil como en la puberal y que suele nombrarse, en el lenguaje común, como que no quiere crecer, que quiere seguir siendo un sujeto infantil, un sujeto pegado a los cuidados del otro materno. En este punto la palabra moda adquiere un sentido distinto al que suele ser frecuente cuando leemos sobre pubertad, adolescencia y trastornos de la conducta alimentaria, podríamos plantearlo así: ¿está de moda no crecer?

